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Para cerrar el tema con seriedad, proponemos volver a la terminología bíblica.
En el Nuevo Testamento nunca vemos a los creyentes definirse por el grupo religioso al que se oponen.
No somos una secta desprendida.
Somos el fruto directo de la Palabra de Dios.
No protestamos ante una autoridad humana usurpada; nos sometemos a la autoridad divina de las Escrituras.
Por tanto, nuestra identidad no es protestante, es Apostólica (basada en el fundamento bíblico) y Evangélica (centrada en el Evangelio de la regeneración).
En el Nuevo Testamento nunca vemos a los creyentes definirse por el grupo religioso al que se oponen.
- Se llamaban Discípulos (aprendices).
- Se llamaban Creyentes (los que tienen fe).
- Se llamaban Santos (apartados).
- Se llamaban Cristianos (pertenecientes a Cristo).
No somos una secta desprendida.
Somos el fruto directo de la Palabra de Dios.
No protestamos ante una autoridad humana usurpada; nos sometemos a la autoridad divina de las Escrituras.
Por tanto, nuestra identidad no es protestante, es Apostólica (basada en el fundamento bíblico) y Evangélica (centrada en el Evangelio de la regeneración).