Salmo51
Administrador
La caída de Adán:
Una demostración de la inestabilidad de la criatura
Muchos cuestionan la justicia de Dios preguntando: "¿Por qué soy juzgado por lo que hizo Adán?".
Sin embargo, el diálogo entre Dios y Abraham sobre Sodoma (Génesis 18) nos revela un principio eterno: Dios jamás destruiría al justo con el injusto.
Si en la raza humana hubiera existido un solo hombre capaz de sostener su propia justicia para siempre, Dios lo habría preservado.
1. La inestabilidad del libre albedrío ante la eternidad
Un Dios completamente estable no podía fundar una relación eterna sobre un escenario inestable.
El libre albedrío de una criatura finita, puesto frente a una ley que requiere obediencia perpetua, es matemáticamente propenso al fallo en algún punto de la eternidad.
Si la relación de amor entre Dios y el hombre dependiera de la capacidad del hombre para no fallar jamás, esa relación estaría condenada a perderse tarde o temprano.
Dios, que conoce el fin desde el principio, no diseñó un sistema que dependiera de nuestra fragilidad.
2. La caída como una "obra calculada"
La venida del Verbo en carne no fue una respuesta de emergencia al pecado del hombre.
La Escritura dice que Cristo es el Cordero sacrificado "desde antes de la fundación del mundo" (Apocalipsis 13:8).
Dios permitió que un solo hombre (Adán) cayera para demostrar la insuficiencia de la justicia basada en el esfuerzo de la criatura. Al permitir que toda la raza fuera "encerrada en desobediencia" a través de uno solo, Dios preparó el escenario legal para resolverlo todo, también, a través de uno solo: Jesucristo.
3. El fundamento es el Hombre-Dios
El plan de Dios nunca fue que la humanidad se sostuviera por Adán, sino por Cristo.
Conclusión:
Una sola caída para una sola redención
No hubo injusticia en que la caída de Adán nos alcanzara a todos, porque ese mismo principio legal de "representación" es el que nos permite ser salvados por la obediencia de Cristo.
Dios usó el fracaso de uno para "demostrarnos" su inestabilidad y así trasladar nuestra esperanza a Aquel que la volvería a la respuesta humana completamente estable.
La salvación no pasa por Dios "reaccionando" al diablo sino por un Dios Soberano manifestando que la única justicia capaz de sostener una eternidad de amor es la justicia por obras de Su Hijo, entregada a nosotros por gracia.
Una demostración de la inestabilidad de la criatura
Muchos cuestionan la justicia de Dios preguntando: "¿Por qué soy juzgado por lo que hizo Adán?".
Sin embargo, el diálogo entre Dios y Abraham sobre Sodoma (Génesis 18) nos revela un principio eterno: Dios jamás destruiría al justo con el injusto.
Si en la raza humana hubiera existido un solo hombre capaz de sostener su propia justicia para siempre, Dios lo habría preservado.
1. La inestabilidad del libre albedrío ante la eternidad
Un Dios completamente estable no podía fundar una relación eterna sobre un escenario inestable.
El libre albedrío de una criatura finita, puesto frente a una ley que requiere obediencia perpetua, es matemáticamente propenso al fallo en algún punto de la eternidad.
Si la relación de amor entre Dios y el hombre dependiera de la capacidad del hombre para no fallar jamás, esa relación estaría condenada a perderse tarde o temprano.
Dios, que conoce el fin desde el principio, no diseñó un sistema que dependiera de nuestra fragilidad.
2. La caída como una "obra calculada"
La venida del Verbo en carne no fue una respuesta de emergencia al pecado del hombre.
La Escritura dice que Cristo es el Cordero sacrificado "desde antes de la fundación del mundo" (Apocalipsis 13:8).
Dios permitió que un solo hombre (Adán) cayera para demostrar la insuficiencia de la justicia basada en el esfuerzo de la criatura. Al permitir que toda la raza fuera "encerrada en desobediencia" a través de uno solo, Dios preparó el escenario legal para resolverlo todo, también, a través de uno solo: Jesucristo.
3. El fundamento es el Hombre-Dios
El plan de Dios nunca fue que la humanidad se sostuviera por Adán, sino por Cristo.
- Adán fue el escenario necesario para mostrar que el hombre necesita un Representante que no fallara.
- Cristo es el fundamento estable. Él es el Hombre que no solo puede obedecer, sino que es la fuente de la justicia misma.
Conclusión:
Una sola caída para una sola redención
No hubo injusticia en que la caída de Adán nos alcanzara a todos, porque ese mismo principio legal de "representación" es el que nos permite ser salvados por la obediencia de Cristo.
Dios usó el fracaso de uno para "demostrarnos" su inestabilidad y así trasladar nuestra esperanza a Aquel que la volvería a la respuesta humana completamente estable.
La salvación no pasa por Dios "reaccionando" al diablo sino por un Dios Soberano manifestando que la única justicia capaz de sostener una eternidad de amor es la justicia por obras de Su Hijo, entregada a nosotros por gracia.