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Cambio de escenario:
Del tribunal de la ley al reino del Hijo
Una vez que la ley hizo su obra (muerte) y Cristo la atravesó como Hombre sin pecado, la Escritura declara un cambio radical:
Juan 5:22
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.”
Romanos 14:9
“Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.”
Juan 17:2
“Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.”
Ahora ya no estamos en el tribunal de la LEY, donde no hay acepción y todos merecen lo mismo.
Ahora:
– todos han pasado por la sentencia de muerte,
– todos han quedado bajo el señorío del Hombre resucitado (“sobre toda carne”),
– y todo el juicio futuro está en manos del Hijo.
La expiación universal respecto de la primera muerte coloca a toda la humanidad bajo el mismo Señor.
Desde allí, la elección ya no es del Padre bajo ley, sino del Hijo en su reino.
No se trata de “a quién se le perdona la primera muerte”, porque esa sentencia se ejecuta para todos; se trata de "a quién, habiendo recibido vida para siempre, se le envía a una segunda muerte".
Del tribunal de la ley al reino del Hijo
Una vez que la ley hizo su obra (muerte) y Cristo la atravesó como Hombre sin pecado, la Escritura declara un cambio radical:
Juan 5:22
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.”
Romanos 14:9
“Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.”
Juan 17:2
“Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.”
Ahora ya no estamos en el tribunal de la LEY, donde no hay acepción y todos merecen lo mismo.
Ahora:
– todos han pasado por la sentencia de muerte,
– todos han quedado bajo el señorío del Hombre resucitado (“sobre toda carne”),
– y todo el juicio futuro está en manos del Hijo.
La expiación universal respecto de la primera muerte coloca a toda la humanidad bajo el mismo Señor.
Desde allí, la elección ya no es del Padre bajo ley, sino del Hijo en su reino.
No se trata de “a quién se le perdona la primera muerte”, porque esa sentencia se ejecuta para todos; se trata de "a quién, habiendo recibido vida para siempre, se le envía a una segunda muerte".