Salmo51
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I. El axioma de la soberanía absoluta
Dios, en Su naturaleza soberana, no está supeditado a contingencias externas ni a consejos ajenos.
Su voluntad es la fuente primaria y única de toda existencia.
Él no crea por necesidad, sino por el puro afecto de Su voluntad.
Por lo tanto, el diseño del hombre libre, con todo el riesgo que ello implicaba, no fue un experimento incierto, sino una decisión deliberada de un Creador que no necesita pedir permiso para ejecutar Su propósito.
II. El dilema del horizonte eterno y la solución anticipada
Dios, poseedor de un conocimiento anticipado absoluto, comprendía una variable técnica crítica: en un escenario de eternidad, la libertad moral de una criatura finita conlleva la certeza estadística de la caída.
Sostener la estabilidad del universo sobre la performance individual de billones de seres libres habría resultado en un campo de pérdidas inevitables ante la santidad inmutable de Dios.
Por ello, la humanación del Verbo no es una reacción tardía a la obra de Satanás.
Es *"la solución fundacional"*.
Dios determinó, desde antes de la fundación del mundo, que la estabilidad de Su propósito no descansaría en la variabilidad humana, sino en la inmutabilidad de la persona de Jesús.
III. El federalismo como tecnología de salvación
Dado que el Mediador sería uno solo, Dios impuso un sistema representativo federal.
El disparador legal: Dios no buscaba el triunfo aislado de individuos perfectos bajo el primer modelo.
Por ello, determinó que la desobediencia de Adán fuera suficiente para cerrar el primer registro jurisdiccional.
La simetría federal: Al permitir que la caída fuera representativa (uno por todos), habilitó legalmente que la justificación también fuera representativa (Uno por todos).
No es una injusticia, es la ingeniería de la misericordia: concentrar el riesgo en una cabeza para asegurar la victoria en la *Segunda*.
IV. La introducción del arrepentimiento en la justicia inmutable
Este es el punto teológico más profundo: Dios no buscaba "bajar el estándar" de Su justicia.
Lo que hizo, a través de la obediencia perfecta de Cristo, fue introducir legalmente la posibilidad del arrepentimiento y la restauración dentro de un sistema que, de otro modo, solo admitiría la perfección o la muerte.
La función de Cristo: Su obra no anula la justicia; la satisface de tal manera que el arrepentimiento se vuelve una vía judicialmente válida para la restauración.
El destino de las pérdidas: Bajo este marco, quien se pierde no lo hace por un traspié accidental o una falla estadística del diseño.
Se pierde por una maldad real y contumaz: el rechazo consciente y voluntario a la mediación de la única Cabeza que puede sostenerlo ante la santidad de Dios.
Conclusión:
Bajo esta óptica, el Evangelio deja de ser un relato de rescate accidentado para convertirse en el despliegue de un Propósito absoluto.
Dios no reacciona: Él establece el escenario.
El pecado no lo sorprende: Es el catalizador para el traslado a la jurisdicción de Cristo.
La Cruz no es un remiendo: Es el anclaje eterno de una creación que ahora es estable porque su fundamento es el Verbo humanado.
En síntesis: Dios permite la ruina de lo inestable (Adán) para establecer la gloria de lo inconmovible (Cristo), salvando en el proceso la responsabilidad humana y vindicando Su propia justicia.
Dios, en Su naturaleza soberana, no está supeditado a contingencias externas ni a consejos ajenos.
Su voluntad es la fuente primaria y única de toda existencia.
Él no crea por necesidad, sino por el puro afecto de Su voluntad.
Por lo tanto, el diseño del hombre libre, con todo el riesgo que ello implicaba, no fue un experimento incierto, sino una decisión deliberada de un Creador que no necesita pedir permiso para ejecutar Su propósito.
II. El dilema del horizonte eterno y la solución anticipada
Dios, poseedor de un conocimiento anticipado absoluto, comprendía una variable técnica crítica: en un escenario de eternidad, la libertad moral de una criatura finita conlleva la certeza estadística de la caída.
Sostener la estabilidad del universo sobre la performance individual de billones de seres libres habría resultado en un campo de pérdidas inevitables ante la santidad inmutable de Dios.
Por ello, la humanación del Verbo no es una reacción tardía a la obra de Satanás.
Es *"la solución fundacional"*.
Dios determinó, desde antes de la fundación del mundo, que la estabilidad de Su propósito no descansaría en la variabilidad humana, sino en la inmutabilidad de la persona de Jesús.
III. El federalismo como tecnología de salvación
Dado que el Mediador sería uno solo, Dios impuso un sistema representativo federal.
El disparador legal: Dios no buscaba el triunfo aislado de individuos perfectos bajo el primer modelo.
Por ello, determinó que la desobediencia de Adán fuera suficiente para cerrar el primer registro jurisdiccional.
La simetría federal: Al permitir que la caída fuera representativa (uno por todos), habilitó legalmente que la justificación también fuera representativa (Uno por todos).
No es una injusticia, es la ingeniería de la misericordia: concentrar el riesgo en una cabeza para asegurar la victoria en la *Segunda*.
IV. La introducción del arrepentimiento en la justicia inmutable
Este es el punto teológico más profundo: Dios no buscaba "bajar el estándar" de Su justicia.
Lo que hizo, a través de la obediencia perfecta de Cristo, fue introducir legalmente la posibilidad del arrepentimiento y la restauración dentro de un sistema que, de otro modo, solo admitiría la perfección o la muerte.
La función de Cristo: Su obra no anula la justicia; la satisface de tal manera que el arrepentimiento se vuelve una vía judicialmente válida para la restauración.
El destino de las pérdidas: Bajo este marco, quien se pierde no lo hace por un traspié accidental o una falla estadística del diseño.
Se pierde por una maldad real y contumaz: el rechazo consciente y voluntario a la mediación de la única Cabeza que puede sostenerlo ante la santidad de Dios.
Conclusión:
Bajo esta óptica, el Evangelio deja de ser un relato de rescate accidentado para convertirse en el despliegue de un Propósito absoluto.
Dios no reacciona: Él establece el escenario.
El pecado no lo sorprende: Es el catalizador para el traslado a la jurisdicción de Cristo.
La Cruz no es un remiendo: Es el anclaje eterno de una creación que ahora es estable porque su fundamento es el Verbo humanado.
En síntesis: Dios permite la ruina de lo inestable (Adán) para establecer la gloria de lo inconmovible (Cristo), salvando en el proceso la responsabilidad humana y vindicando Su propia justicia.