Salmo51
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A través de Cristo, Dios introduce dentro de su justicia inmutable la posibilidad del arrepentimiento y la restauración.
No negocia con el pecado; lo condena en la carne del Segundo Hombre (Romanos 8:3).
Sobre esa justicia satisfecha, la gracia fluye sin comprometer la santidad (Romanos 3:26: “para que él sea justo y justificador”).
Teológicamente, el perdón no es plan original; es la consecuencia de una obediencia consumada.
Dios no “reacciona” al diablo; usa el pecado y la rebelión como pedagogía para revelar la ruina de la autonomía y la gloria de la obediencia eterna en Cristo (Romanos 11:32).
Académicamente, esto es ingeniería divina: un sistema libre pero estable, donde la responsabilidad humana se preserva, pero su inestabilidad se resuelve por imputación federal.
Pastoralmente, esto es liberación: Dios no nos mide por nuestra obediencia imperfecta; nos justifica por fe en la obediencia perfecta de Cristo.
Creamos en su Palabra, y esa obediencia es nuestra.
Él no busca perdón eterno; busca fidelidad eterna, y la obtiene de su Hijo para que en Él tengamos vida abundante (Juan 10:10).
No negocia con el pecado; lo condena en la carne del Segundo Hombre (Romanos 8:3).
Sobre esa justicia satisfecha, la gracia fluye sin comprometer la santidad (Romanos 3:26: “para que él sea justo y justificador”).
Teológicamente, el perdón no es plan original; es la consecuencia de una obediencia consumada.
Dios no “reacciona” al diablo; usa el pecado y la rebelión como pedagogía para revelar la ruina de la autonomía y la gloria de la obediencia eterna en Cristo (Romanos 11:32).
Académicamente, esto es ingeniería divina: un sistema libre pero estable, donde la responsabilidad humana se preserva, pero su inestabilidad se resuelve por imputación federal.
Pastoralmente, esto es liberación: Dios no nos mide por nuestra obediencia imperfecta; nos justifica por fe en la obediencia perfecta de Cristo.
Creamos en su Palabra, y esa obediencia es nuestra.
Él no busca perdón eterno; busca fidelidad eterna, y la obtiene de su Hijo para que en Él tengamos vida abundante (Juan 10:10).