Salmo51

Siervo
¿De dónde surge y quiénes son los primeros en sostenerla?

Históricamente, la doctrina de la inmortalidad inherente del alma (la idea de que el ser humano tiene una parte inmaterial que no puede morir y que es eterna por naturaleza) no surge de la Biblia, sino de la filosofía griega, específicamente del platonismo.

Si bien los egipcios tenían conceptos complejos sobre el más allá, fue Platón en el siglo IV aC, quien sistematizó filosóficamente la idea. En su obra Fedón, Platón argumenta que el alma es prisionera del cuerpo y que la muerte es la liberación del alma hacia su verdadero hogar.

Para los griegos, el cuerpo era malo, o una cárcel y el alma era la esencia divina e indestructible.
Los hebreos en cambio no pensaban así.
Para el judío antiguo, el hombre no tiene un alma, sino que es un "alma viviente" (Nefesh).
Si el cuerpo muere, el nefesh deja de existir como unidad vital.
La esperanza hebrea no era ir al cielo como espíritu, sino la resurrección física en el día postrero.

¿Es una creencia que está dentro de la ortodoxia cristiana?

Sí, pero con matices muy importantes que a veces se pierden en la cultura popular.
La ortodoxia cristiana (Católica, Ortodoxa Oriental y la mayoría del Protestantismo histórico) adoptó una postura de síntesis.
A medida que el cristianismo se expandía por el mundo griego, los Padres de la Iglesia comenzaron a usar términos griegos para explicar verdades bíblicas.
La postura ortodoxa sostiene que, al morir, el alma se separa del cuerpo y sobrevive en un estado consciente, un estado intermedio, hasta el juicio final.
Para la ortodoxia cristiana, a diferencia de Platón para quien la inmortalidad del alma era el fin último, el estado de "alma desencarnada" es incompleto y temporal.
El fin último del cristiano no es ser un fantasma eterno, sino la resurrección del cuerpo (un cuerpo glorificado) en la Segunda Venida.

¿Se enseña en las escrituras que el alma es inmortal?

La Biblia no usa la frase alma inmortal.
De hecho, la palabra *inmortalidad* ( athanasia ) en el Nuevo Testamento se aplica exclusivamente a Dios o al cuerpo resucitado y no al alma por sí sola.

Hay dos líneas de interpretasión que se contradicen:

Argumentos a favor de la mortalidad o el sueño del alma:
Ezequiel 18:4 : "El alma que pecare, esa morirá".
1 Timoteo 6:16 : Habla de Dios como "el único que tiene inmortalidad".
Eclesiastés 9:5 : "Los muertos nada saben".
Estos textos sugieren que la inmortalidad es un regalo que se recibe en la resurrección, no algo que ya tenemos de fábrica.

Argumentos a favor de la supervivencia consciente:
Lucas 23:43 : Jesús al ladrón: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
Filipenses 1:23 : Pablo dice que desea partir y "estar con Cristo", lo cual implica conciencia inmediata post-mortem.
Apocalipsis 6:9-10 : Muestra a las "almas" de los mártires clamando a Dios antes de la resurrección final.
La transfiguración: Moisés y Elías aparecen vivos hablando con Jesús siglos después de su muerte física.

¿Qué cosas sostiene la ortodoxia hoy en referencia al alma?

La teología cristiana mayoritaria, desde Agustín de Hipona hasta Calvino y el Catecismo actual, sostiene cuatro pilares para evitar caer en el gnosticismo o en el materialismo:

Dualidad temporal: El ser humano es una unidad cuerpo-alma. La muerte rompe antinaturalmente esa unidad.

Estado intermedio: Entre la muerte física y el Juicio Final, el alma no duerme ni se aniquila; está en la presencia de Dios (paraíso) o en tormento/espera (hades/infierno), consciente de su destino.

La inmortalidad es un don: Aunque el alma sobrevive, se afirma que lo hace por la voluntad sustentadora de Dios, no porque sea un *dios pequeño* autónomo como creían los griegos.

Resurrección como meta final: El alma volverá a unirse a un cuerpo transformado.
La salvación completa es psicofísica (alma y cuerpo), no solo espiritual.

Pero la inmortalidad del alma como concepto filosófico puro es griego.
La supervivencia del alma a la espera de la resurrección es una adaptación cristiana ortodoxa que busca armonizar la promesa de vida eterna inmediata con la doctrina judía de la resurrección corporal.

Martín Lutero: El sueño como descanso y anulación del tiempo

Lutero es la figura más citada por quienes hoy defienden el sueño del alma, aunque su postura era más mística que dogmática.
Lutero quería destruir la doctrina del Purgatorio.
Si las almas estaban conscientes y sufriendo purificación, la Iglesia podía vender indulgencias para ayudarlas.
Para cortar esto de raíz, Lutero minimizó la actividad del alma entre la muerte y la resurrección.
Lutero solía decir que, para el creyente, la muerte es un sueño profundo y dulce.
No en el sentido de que el alma deja de existir, sino que deja de tener noción del tiempo.
Para Lutero, desde la perspectiva del muerto, el tiempo desaparece.
Uno cierra los ojos al morir y, en su experiencia subjetiva, los abre inmediatamente en la Resurrección, aunque hayan pasado mil años en la tierra.
"Dormiremos hasta que él venga y golpee la tumba y diga: ¡Doctor Martín, levántate! Entonces me levantaré en un instante y seré eternamente feliz con él".

¿Por qué lo hacía?

Para devolverle el peso central a la Resurrección.
Si el alma ya está gozando plenamente en el cielo (como decía la tradición católica), la Resurrección del cuerpo parece un trámite innecesario.
Lutero quería que toda la esperanza estuviera puesta en el Día Final.

Juan Calvino: La vigilia consciente y la *Psicopanniquia*

Calvino tomó una postura totalmente opuesta.
De hecho, su primer libro de teología, escrito en 1534 antes de Institución, se tituló Psychopannychia que significa "La vigilia del alma".
Calvino no peleaba aquí contra el Purgatorio católico, sino contra los anabaptistas, el ala radical de la reforma.
Muchos anabaptistas enseñaban que el alma moría con el cuerpo o dormía inconsciente.
Calvino veía esto como una herejía peligrosa.
Él sostiene que la vida en Cristo es continua.
Si Cristo es la vida, estar unido a Él significa estar vivo y consciente.
La muerte física no puede interrumpir esa comunión consciente.
Según Calvino las almas de los justos están en un estado de descanso consciente y gozosa espera (en el "seno de Abraham"), pero saben que les falta algo: su cuerpo.
No están durmiendo, están vigilantes (vigilia), esperando el día en que se completará su redención con la resurrección de su carne.
Para Calvino, decir que el alma "duerme" sin conciencia era reducir al ser humano a una bestia y negar la obra vivificadora del Espíritu Santo.

Hoy en día, la mayoría de las iglesias protestantes (presbiterianas, bautistas, pentecostales) siguen la línea de Calvino (conciencia inmediata tras la muerte).
Sin embargo, grupos como los Adventistas del Séptimo Día retomaron y sistematizaron la idea de Lutero sobre el sueño inconsciente.

El Catecismo católico enseña que cada alma espiritual es creada directamente por Dios, es inmortal, no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y será reunida con el cuerpo en la resurrección.

Resumiendo lo que, en conjunto, suelen enseñar las grandes tradiciones históricas, no la Biblia, sino la teología posterior:

. El hombre está compuesto de cuerpo material y alma espiritual (y algunos añaden “espíritu” como tercer componente).
. El alma es espiritual, racional y personal; es el principio de vida y de conciencia.
. El alma es creada por Dios y no muere cuando muere el cuerpo; sobrevive en un estado consciente.

Después de la muerte, el alma, del creyente va a un estado de dicha (para el catolicismo: cielo / purgatorio, según el caso),
la del incrédulo va a un estado de tormento o separación de Dios, mientras espera la resurrección final.

En la resurrección, el alma será reunida con el cuerpo transformado, para vivir eternamente (vida o condenación).

Todo esto puede ser interesante como dato cultural, pero para establecer verdad doctrinal la única autoridad es la Escritura.

La verdadera pregunta entonces no es de dónde vino la idea en la historia, sino qué dicen los textos inspirados.

1. Qué es el alma según la Escritura
Génesis 2:7 “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”.
El texto no dice que el hombre recibió un alma inmortal, sino que fue hecho alma viviente. El alma en este pasaje no es una entidad separada, sino el hombre mismo como ser vivo.
Ezequiel 18:4 “El alma que pecare, esa morirá”.
Aquí el alma no es presentada como inherentemente inmortal, sino como susceptible de muerte.
Si puede morir, no es inmortal por naturaleza.

2. Quién posee inmortalidad por sí mismo
1 Timoteo 6:16 “El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible”.
La inmortalidad se atribuye de manera exclusiva a Dios. No se dice que el hombre la posea por constitución propia.
2 Timoteo 1:10 “…nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”.
La inmortalidad aparece aquí como algo que es traído a la luz por medio de Cristo, no como una cualidad natural del alma humana.

3. La esperanza bíblica no es escapar del cuerpo, sino resucitar
Juan 5:28 y 29 “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
La esperanza presentada es la resurrección desde los sepulcros, no la liberación de un alma inmortal que ya está viviendo plenamente en otro plano.
1 Corintios 15:22 y 23 “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden…”.
La vida futura está ligada a ser vivificados, no a la continuación automática de una parte inmortal.
1 Corintios 15:51 al 54 “…es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.
La inmortalidad es algo de lo que el creyente será revestido en la resurrección.
No se presenta como una posesión actual del alma separada.

4. El estado de los muertos
Eclesiastés 9:5 “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben”.
Salmo 146:4 “Sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos”.
La muerte es descrita como cese de actividad consciente, no como una vida plena en otra esfera.
Daniel 12:2 “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados…”.
La muerte se compara repetidamente con sueño, y la esperanza está en ser despertados.

5. Pasajes usados para afirmar conciencia inmediata
Los textos como Lucas 23:43, Filipenses 1:23 o Apocalipsis 6:9 al 10 deben leerse a la luz del conjunto claro de la enseñanza bíblica sobre muerte y resurrección.
Ninguno de ellos afirma de forma directa que el alma sea inmortal por naturaleza.
La Escritura sí afirma con claridad que el hombre muere, que los muertos son levantados por Dios y que la inmortalidad es algo que se recibe, no algo que se posee intrínsecamente.

Conclusión bíblica
La Biblia no enseña que el alma humana sea inherentemente inmortal.
Presenta al hombre como un ser viviente que muere, cuya esperanza no es la supervivencia natural de un alma, sino la resurrección que Dios dará en el día final, y la inmortalidad como don otorgado por medio de Cristo.

La premisa de la inmortalidad del alma dice que si el cuerpo muere, el alma, que es la verdadera persona, sigue viva, consciente y, si es creyente, está en la gloria con Dios.
Pero la lógica de Pablo dice que si no hay resurrección, el que murió en Cristo *pereció* (apōlonto en griego, que implica destrucción, pérdida total, ruina).

Si el alma fuera inmortal por naturaleza, Pablo no podría decir que "perecieron".
Tendría que haber dicho: "Entonces los que murieron en Cristo se quedaron como espíritus desencarnados para siempre".
Pero para Pablo, sin resurrección no hay vida, hay extinción.

Si la persona sigue consciente y feliz en el cielo sin necesidad de un cuerpo, entonces la muerte no es realmente un enemigo, sino un "liberador" (como decía Platón).
Pero Pablo llama a la muerte un enemigo a vencer.

El término perecer no admite matices como el de seguir viviendo en otro plano.

1 Corintios 15:17-18 "Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron."
Este pasaje pone el peso de la salvación exclusivamente en la Resurrección.
Si la inmortalidad fuera un atributo del ser humano, la resurrección de Cristo no sería vital para la existencia del creyente fallecido.

Pablo dice que es todo o nada.
 
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