Salmo51

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II. La justificación para con Dios es por obras y solamente por obras

Cuando Dios creó al hombre esperaba de él que fuera justo.
Y no por un momento sino que debía perseverar en esa justicia para siempre.
Y con ese fin lo puso bajo un mandamiento simple:

Génesis 2:16-17
“Y mandó Jehová Dios al hombre… del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”


Todo se trataría de obedecer o morir.
Pero Adán desobedeció y entonces entró la perdición como una sentencia irrevocable de muerte.

Romanos 5:12
"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron."

Romanos 5:17
"por la transgresión de uno solo reinó la muerte"

Romanos 5:18
“por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres"

Romanos 5:19
“por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”


Y cómo este requisito de justicia era una condición indispensable para aspirar a la vida, la desobediencia de Adán trajo la muerte para toda humanidad.

La humanidad toda se había definitivamente perdido.


La tragedia de la humanidad no es que Dios dejó de ser amoroso, sino que Dios no dejó de ser Justo.
El requisito de "obediencia para vida" sigue en pie, pero el hombre sólo puede ofrecer "desobediencia para muerte".
 
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