Salmo51
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Dios, en su soberanía eterna, decidió crear al hombre a su imagen y semejanza, dotado de libertad moral para una relación de amor verdadero en un entorno bueno como la creación visible. Esta libertad, parte esencial de la imagen divina, introduce una inestabilidad inherente: la posibilidad de desobediencia (Génesis 2:16-17).
En su conocimiento eterno, Dios anticipa que un traspié rompería la comunión, pero no altera su propósito; lo integra soberanamente en su plan. La caída no lo sorprende ni lo frustra; es permitida para magnificar su gracia (Romanos 8:20; 1 Pedro 1:19-20).
I. El diseño pre-temporal: libertad moral y riesgo de inestabilidad
Dios crea al hombre con voluntad propia, capaz de obedecer o desobedecer. Sin esta libertad, no habría amor verdadero ni dominio responsable (Génesis 1:26-27; Salmo 32:9). Pero la libertad implica riesgo: un solo acto de desobediencia rompe la relación eterna. Dios lo anticipa y lo integra en su consejo eterno (Efesios 1:11).
II. La primera instancia: perfección y responsabilidad terrenal
Dios forma al primer hombre perfecto (Génesis 1:31), con sustancia base (polvo) y soplo de vida (Génesis 2:7). Le da un mandato real: obediencia a la Palabra como condición de vida (Génesis 2:16-17). La ley revela el camino, pero no obliga la voluntad; la obediencia es libre. La desobediencia activa la sentencia judicial: muerte y restricción del árbol de la vida (Génesis 3:19, 22-24).
III. La caída como parte permitida del propósito eterno
La historia humana transcurre bajo la caída para demostrar la inestabilidad de la obediencia bajo la carne (Romanos 7:18-19) y para separar por respuesta a la Palabra: los que creen son salvos; los que rechazan, condenados (Juan 3:18). Dios permite la ruina para mostrar su justicia y preparar la gracia (Romanos 5:20).
IV. La estabilización federal: la humanación del Verbo
Dios lo funda y lo apoya todo en el Verbo venido en carne como segundo hombre (Juan 1:14), de la misma humanidad pero sin pecado, como nueva cabeza federal (1 Corintios 15:45-47). Su obediencia perfecta (Filipenses 2:8; Hebreos 5:8-9) reemplaza la desobediencia del primero (Romanos 5:19). Esta obediencia se imputa por fe, no por obras (Romanos 3:28; Efesios 2:8-9).
V. La consumación: estabilidad eterna en la nueva creación
La libertad moral se preserva, la justicia se satisface y la vida eterna se asegura en Cristo. Los redimidos están anclados en una Cabeza que no cae (Romanos 8:1). La nueva creación es inconmovible: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).
En suma: Dios anticipa la inestabilidad de la libertad moral y la integra soberanamente en su propósito eterno, cumpliéndolo en Cristo, el segundo hombre, cuya obediencia perfecta restaura la humanidad para su gloria eterna.
En su conocimiento eterno, Dios anticipa que un traspié rompería la comunión, pero no altera su propósito; lo integra soberanamente en su plan. La caída no lo sorprende ni lo frustra; es permitida para magnificar su gracia (Romanos 8:20; 1 Pedro 1:19-20).
I. El diseño pre-temporal: libertad moral y riesgo de inestabilidad
Dios crea al hombre con voluntad propia, capaz de obedecer o desobedecer. Sin esta libertad, no habría amor verdadero ni dominio responsable (Génesis 1:26-27; Salmo 32:9). Pero la libertad implica riesgo: un solo acto de desobediencia rompe la relación eterna. Dios lo anticipa y lo integra en su consejo eterno (Efesios 1:11).
II. La primera instancia: perfección y responsabilidad terrenal
Dios forma al primer hombre perfecto (Génesis 1:31), con sustancia base (polvo) y soplo de vida (Génesis 2:7). Le da un mandato real: obediencia a la Palabra como condición de vida (Génesis 2:16-17). La ley revela el camino, pero no obliga la voluntad; la obediencia es libre. La desobediencia activa la sentencia judicial: muerte y restricción del árbol de la vida (Génesis 3:19, 22-24).
III. La caída como parte permitida del propósito eterno
La historia humana transcurre bajo la caída para demostrar la inestabilidad de la obediencia bajo la carne (Romanos 7:18-19) y para separar por respuesta a la Palabra: los que creen son salvos; los que rechazan, condenados (Juan 3:18). Dios permite la ruina para mostrar su justicia y preparar la gracia (Romanos 5:20).
IV. La estabilización federal: la humanación del Verbo
Dios lo funda y lo apoya todo en el Verbo venido en carne como segundo hombre (Juan 1:14), de la misma humanidad pero sin pecado, como nueva cabeza federal (1 Corintios 15:45-47). Su obediencia perfecta (Filipenses 2:8; Hebreos 5:8-9) reemplaza la desobediencia del primero (Romanos 5:19). Esta obediencia se imputa por fe, no por obras (Romanos 3:28; Efesios 2:8-9).
V. La consumación: estabilidad eterna en la nueva creación
La libertad moral se preserva, la justicia se satisface y la vida eterna se asegura en Cristo. Los redimidos están anclados en una Cabeza que no cae (Romanos 8:1). La nueva creación es inconmovible: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).
En suma: Dios anticipa la inestabilidad de la libertad moral y la integra soberanamente en su propósito eterno, cumpliéndolo en Cristo, el segundo hombre, cuya obediencia perfecta restaura la humanidad para su gloria eterna.